jueves, 18 de diciembre de 2014

IMCREIBLE....!!! EL CEREBRO Y SUS EMOCIONES

La salud perfecta y el pleno despertar son, en realidad, lo mismo. La única curación auténtica es la autocuración. El querer curarse sinceramente puede motivar a una persona para que realice los cambios necesarios en aquellas actitudes, sentimientos y emociones que son responsables de su sufrimiento.


La curación no ocurrirá con sólo conocer su causa. Porque incluso cuando se ha solucionado un conflicto o se ha liberado una emoción, el cuerpo puede necesitar un tiempo más o menos largo para proceder a la reparación del tejido o del órgano afectado. La curación no es más que volver al estado de armonía y de equilibrio. Admitir una dificultad o una debilidad es estar ya en el camino de superarla.

El hemisferio izquierdo de nuestro cerebro asume las funciones de orden racional tales como leer, hablar, contar, pensar, analizar una situación y establecer asociaciones; se relaciona con el pensamiento lógico y corresponde a nuestro aspecto emisor masculino o Yang; controla la parte derecha de nuestro cuerpo.

El hemisferio derecho gestiona las informaciones afectivas y emocionales; nos permite reconocer globalmente una situación y atribuirle un colorido emocional y sensitivo; se relaciona con nuestra imaginación, nuestra intuición y participa en la actividad onírica; corresponde a nuestra parte femenina o Yin; rige la parte izquierda de nuestro cuerpo.

El intercambio de información entre los dos hemisferios y la conclusión que de ello resulte, determinarán nuestra forma de actuar. Sin embargo, la información que llega a nuestro cerebro derecho es determinante. La memoria emocional del cerebro límbico contiene la respuesta a muchas causas de malestares y enfermedades (Ej. Hemisferio izquierdo: “Mi madre me ha dejado sola con mi padre”. Hemisferio derecho: “Me siento abandonada”).

El papel principal del cerebro límbico es garantizar nuestra supervivencia evitando hacernos revivir experiencias consideradas desagradables y haciéndonos revivir las que se consideran buenas y a repetir. El problema fundamental del cerebro límbico es que no piensa, no diferencia entre lo real o imaginario sino que sólo le importa lo que siente; no posee el discernimiento necesario para ver qué experiencias a evitar que podrían ser favorables para nosotros y cuáles a repetir pueden, sin embargo, repercutir perjudicial mentes obre nuestra salud. El miedo a cualquier peligro hace que se cierre automáticamente porque reacciona a todo lo que pueda parecer una amenaza para nuestra supervivencia.

El inconsciente no diferencia entre una imagen exterior o interior y el cerebro límbico reacciona a estas imágenes clasificándolas como experiencias a renovar o a evitar. Esto nos lleva de manera inevitable a protegernos continuamente. Como nos da miedo a sufrir, cuando nos sentimos amenazados ponemos en marcha mecanismos de protección.


EL HIPOTÁLAMO


ES LA VOZ DEL CUERPO EN EL CEREBRO
Rige las actividades del sistema neurovegetativo que a su vez coordina las relaciones entre las vísceras y garantiza la regulación de las funciones llamadas vegetativas o automáticas, es decir, aquellas que son independientes de nuestra voluntad consciente.

Para ello el sistema posee dos grandes circuitos: el simpático y el parasimpático.
El simpático estimula todo lo que está biológicamente previsto para mantenernos en estado de alerta y de potencial combatividad; predomina al estar despiertos y es el que interviene en las situaciones estresantes. El parasimpático estimula nuestras funciones de descanso y recuperación, predomina en nuestro periodo de sueño. Si uno de los dos sistemas trabaja en exceso lo hará en detrimento del otro.
El hipotálamo rige también el sistema endocrino (glándulas endocrinas: tiroides, paratiroides, suprarrenales, genitales y la hipófisis), asumiendo el papel ejecutor sin analizar ni intentar saber si una orden es o no favorable.

Si los sistemas neurovegetativos y endocrinos se encuentran ante la imposibilidad de ejecutar una acción ordenada para adaptar el organismo, se podría desencadenar un desorden que complicaría la salud.

Cuanta más emoción se sienta al recibir una información más fuerte será la respuesta del hipotálamo porque la acción dirige la energía de cada situación concreta.

Tenemos que aprender a cultivar nuestro discernimiento si no queremos malgastar nuestra salud y nuestro bienestar. El camino de la curación pasa por el proceso de buscar la causa del malestar o de la enfermedad para llegar a conocer el remedio adecuado. Y para usar el propio discernimiento no se necesita saber de todo.

La única manera de liberarnos es volver a vivir los acontecimientos que nos hicieron sufrir a fin de desdramatizarlos y transformar nuestra comprensión sobre ellos. Al revivir una situación puede resultar saludable expresar lo que en su momento no se dijo, ya se trate de una necesidad, decepción, tristeza, enfado, repugnancia u odio. El trabajo tiene como objetivo transformar esas ecuaciones que nos son favorables en otras que sí lo serán.

Mientras permanezca el consuelo no podremos liberarnos del sufrimiento que llevamos. Es preciso traer esos recuerdos a la conciencia pues en esto reside la clave para curar muchas enfermedades. Al querer huir de una situación que nos hace daño, huimos también de lo que nos permite liberarnos de ella.

Todos los métodos son buenos siempre que sean empleados con sentido común. Pensamientos (conciencia), respiración (energía) y alimentación (materia) están interrelacionados. Poco importa la vía que se elija, lo que cuenta es elevar la conciencia para dejar de sufrir manifestaciones desagradables. Lo que se pretende es responsabilizarnos de nuestra vida, ser felices y gozar de buena salud.

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