viernes, 21 de noviembre de 2014

ESTO PASA POR ESTAR MUCHO TIEMPO EN EL SOL

Aunque la luz solar es vital para el desarrollo de muchos o casi todos los procesos y fenómenos de la naturaleza como la nutrición y el crecimiento de las plantas,  la vitalidad y supervivencia de los ecosistemas del medio ambiente, la regulación de la temperatura del planeta, entre muchos otros; también es la responsable de un sin número de lesiones y enfermedades en el hombre ocasionadas por la frecuente exposición de este a dicha radiación sin protección alguna. Con el deterioro de la capa de ozono  los rayos ultravioleta emitidos por la superficie del sol entran a la tierra en mayor magnitud y de manera directa, millones de personas ignoran la gravedad de este fenómeno y se exponen a las radiaciones solares sin ningún tipo de protección, es común encontrar operarios agrícolas trabajando a la intemperie, que no utilizan overol, bloqueadores solares o filtros ópticos para proteger su salud. En la actualidad han surgido un sin número de enfermedades causadas por  este fenómeno tales como cáncer de piel, envejecimiento prematuro de la misma, lesiones ópticas como la conjuntivitis y otros daños severos, aunque la energía lumínica generada por el sol ofrece muchos beneficios a la salud de hombre, de no saber emplearla se puede afectar gravemente el bienestar del cuerpo. Mas que informar el objetivo primordial de este blog es contribuir la lconcientización del lector acerca de la necesidad de cuidar nuestro cuerpo especialmente la piel de las peligrosas radiaciones UV.



Lesiones en la piel por radiaciones solares

Tomar el sol se ha considerado un hábito saludable, pero un exceso de sol en determinados tipos de piel puede provocar ciertos problemas, como quemaduras solares, arrugas, pigmentaciones, cambios de la textura de la piel, y, lo que es más importante cáncer de piel.
La radiación solar se compone de radiación visible e invisible. La fracción invisible de la luz, representada por los rayos ultravioleta A (UVA) y ultravioleta B (UVB) es la causante de la mayoría de los problemas de piel.
Los rayos ultravioleta son más intensos y peligrosos en verano, en zonas próximas al ecuador, y en grandes altitudes. También pueden tener una intensidad significativa en los días nublados.  Ciertas barreras físicas como el cristal de una ventana dejan pasar los UVA, y ciertas ropas de tejidos poco tupidos pueden dejar pasar hasta un 50 % de la luz ultravioleta, y todo esto debe tenerse muy en cuenta.
La protección solar
La protección solar puede ayudar a prevenir los daños inducidos por la luz solar y reducir el riesgo de cáncer. La primera medida de fotoprotección debe ser evitar el sol en las horas centrales del día (Entre 10 am y 4 pm) y utilizar ropas adecuadas (protección física). En último término, deben emplearse las conocidas cremas fotoprotectoras.
La ropa adecuada debe ser de un tejido lo suficientemente tupido, y sombreros o gorros de ala ancha para proteger la región facial. Asimismo, deben utilizarse gafas de sol para proteger la región ocular. Las sombrillas y sombreros protegen de los rayos UV que inciden de forma vertical, pero no contra la luz difusa que se produce por reflejo sobre el agua, la arena y otras superficies. Hay que recordar que los rayos ultravioleta son invisibles, y nos puede parecer que estamos protegidos del sol cuando en realidad no lo estamos.
Los fotoprotectores actúan absorbiendo o reflejando los rayos del sol en la piel. Están disponibles en forma de cremas, lociones, geles, sprays o barras labiales. El factor de protección solar (SPF) es un número que debe especificar su capacidad bloqueadora de los rayos ultravioleta. No existe el fotoprotector perfecto. La mayoría son buenos bloqueadores del UVB, que causa el enrojecimiento o eritema solar, y las quemaduras solares, pero no cubren tanto el UVA que está más asociado con el daño de la piel y el cáncer cutáneo.
Los protectores solares deben tener como mínimo un factor de protección 15. Personas con piel más blanca, de ojos claros, que se queman con facilidad, pueden necesitar de entrada protectores de índice más elevado, como el 30 o el 50. Ningún fotoprotector tiene una duración de acción que supere las 2 horas, incluso los comercializados como resistentes al agua, así que deben reaplicarse con frecuencia, especialmente en condiciones de ejercicio y sudor, y baños en el agua. Además, es conveniente aplicarlos una media hora antes de la exposición al sol para que sean realmente eficaces.
La quemadura solar

Se produce en primer lugar y de manera inmediata un eritema o enrojecimiento, que comienza a aparecer a las pocas horas de iniciar la exposición al sol y alcanza su máxima intensidad a las 12-24 horas. Cuanto la exposición es excesivamente prolongada y persistente su aparición puede ser muy intensa e incluso se puede producir una quemadura más profunda con formación de inflamación, edema y ampollas. La facilidad con que aparece el eritema es proporcional al número de exposiciones previas a los rayos ultravioletas. Este enrojecimiento de la piel se debe a la acción directa de los rayos ultravioleta tipo B. Estos rayos penetran poco en la piel, afectan a la epidermis y sólo un 10% llegan a la zona de la unión epidermis-dermis. Los rayos ultravioleta de tipo A también pueden producir eritema pero se necesitan 1.000 veces más de radiación.

El bronceado
El bronceado es un efecto tardío de la exposición al sol, y las personas lo consideran en general un signo de buena salud. Los dermatólogos saben que el bronceado es en realidad el resultado de un daño infringido a la piel. Nuestra piel se protege del exceso de sol fabricando más melanina, por eso se broncea. Los rayos UVA de los salones de bronceado son tan nocivos para la piel como la luz solar, o incluso más, porque la radiación ultravioleta A es capaz de penetrar en la piel a mayor profundidad, y es la responsable del envejecimiento prematuro de la piel y del cáncer de piel.

SOL Y ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL

Los rayos UV, sobre todo de tipo A, así como otros factores externos (polución ambiental, humo, tabaco, ...) provocan la formación de radicales libres con gran capacidad oxidante, que dañan las células y provocan un envejecimiento de la piel.

Desde el punto de vista clínico, el fotoenvejecimiento es indudablemente responsable de la mayor parte de los cambios no deseados del aspecto de la piel. Se manifiesta particularmente en las zonas del cuerpo que están más expuestas al sol (cara, cuello y manos). En estas zonas la piel pierde elasticidad, se hace áspera, se arruga, toma un color amarillo y aparece una pigmentación irregular con diversas pequeñas manchas oscuras (manchas de envejecimiento), salpicada de talangiectasias y arañas vasculares.

La característica histológica (al mirar al microscopio) del fotoenvejecimiento es la elastosis dérmica, producida por degeneración de las fibras elásticas. La epidermis de una piel fotoenvejecida se caracteriza por variabilidad en cuanto a su grosor, con una alternancia de áreas con una gran atrofia y áreas hiperplásicas (más engrosadas); en cuanto a la pigmentación, se observan léntigos solares (lesiones dermatológicas pigmentadas asociadas a la exposición solar crónica) junto con áreas despigmentadas (esto es muy típico en antebrazos y piernas, a modo de pequeñas "gotas" sin pigmento). Los melanocitos están irregularmente distribuidos a lo largo de la membrana basal y las células de Langerhans epidérmicas están en mucho menor numero, en comparación con la piel protegida de la misma persona. Se ha demostrado que dosis moderadas de UVB asociadas a altas dosis de UVA producen una gran elastosis, mucho mayor que la que ocasionan separadamente las radiaciones UVA o UVB. Esta simulación corresponde a la utilización de un filtro solar de factor de protección elevado, sólo frente a la radiación UVB.
Podemos considerar dos mecanismos de prevención del fotoenvejecimiento: uno pasivo utilizando filtros solares adecuados, acompañados de los cosméticos hidratantes necesarios para reponer el agua perdida por efecto de las radiaciones solares, y otro activo, contrarrestando el efecto nocivo que los radicales libres, inducidos por las radiaciones solares, producen sobre las macromoléculas cutáneas (con aparición de lipoperóxidos en las membranas celulares y las alteraciones oxidativas en proteínas y ácidos nucleicos principalmente). En este sentido han comenzado a usarse sustancias antiradicalares a modo de "filtros biológicos".

El cáncer de piel

Es bien conocido que la luz solar es un factor implicado en la provocación de cáncer de piel, tanto el carcinoma basocelular y escamoso como el melanoma. Un 90 % de estos cánceres aparecen en las zonas de la piel expuestas al sol: la cara, el cuello, las orejas, las manos y los antebrazos.

Las reacciones alérgicas

Algunas personas desarrollan reacciones alérgicas en la piel. En algunos casos, estas reacciones pueden aparecer después de la exposición al sol. Los síntomas pueden ser placas rojas, ampollas o habones, localizadas en zonas donde toca el sol, como la cara, el escote, los brazos y las manos. En ocasiones estas reacciones son causadas por alergia a plantas, medicamentos o cosméticos, siendo necesario que haya luz solar para provocar la reacción.

EL SOL Y LOS OJOS

La exposición del ojo a los rayos ultravioleta depende de numerosos factores: de la radiación reflejada por el suelo, del grado de intensidad de la luz del cielo que obliga a nuestros párpados a entornarse, de la cantidad de luz reflejada por la atmósfera, o de la utilización de gafas de sol.

Algunos de los efectos agudos de la radiación UV sobre el ojo son la fotoqueratitis (inflamación de la córnea y del iris) y la fotoconjuntivitis (inflamación de la conjuntiva, que es la membrana que recubre el interior de los párpados), que son trastornos dolorosos pero reversibles, y fácilmente evitables usando gafas de protección.

Entre los posibles efectos crónicos se cuentan la aparición de pterigyum (tejido opaco blanquecino que se forma en la córnea), el cáncer de células escamosas de la conjuntiva (tumor maligno escamoso o en placa), y las cataratas. En la actualidad 16 millones de personas en todo el mundo afectadas de ceguera por cataratas; según estimaciones de la OMS, el número de estos casos causados por la exposición a los rayos UV podría ser de hasta un 20%.
Para Recordar       

- La necesidad de protección de la piel frente a la exposición solar es un problema importante de salud, no sólo moda o estética.

- El sol se acumula y tiene memoria, de modo que la piel "recuerda" toda la radiación que ha recibido desde la infancia. Los efectos negativos que van apareciendo paulatinamente en la piel son consecuencia de la suma de la radiación solar recibida a lo largo de los años. Por eso, se ha demostrado que uno de los principales factores de riesgo de padecer cáncer de piel en la etapa adulta es el haber presentado insolaciones o quemaduras solares repetidas en la infancia y adolescencia.

- La exposición a la radiación solar de forma continuada (personas que trabajan al aire libre, deportistas...), es tan nociva como una exposición intermitente pero intensa (por ejemplo, durante las vacaciones).

- Tomar el sol no es sólo estar en una tumbona en la playa, sino también caminar por ella, acudir a una piscina, caminar por la montaña, tomar el sol en la terraza, estar muchas horas en la calle por motivos profesionales, deportivos o recreativos...
- El sol que nos da cuando salimos 5 minutos a la calle ya es suficiente para la correcta mineralización de los huesos. No se justifica tomar el sol más de este tiempo "para prevenir la osteoporosis".

- Es importante consultar inmediatamente al médico si se detecta que la forma, color o contorno de las manchas oscuras de la piel se modifican. Si se detecta a tiempo, el cáncer de piel puede curarse.

Para prevenir o disminuir estos riesgos y/o efectos existen una serie de estrategias de fotoprotección de los cuales hablaremos más adelante.
     Consejos sobre la protección solar:
·     Utilice un protector solar con un índice de protección 15 al menos. Debe aplicárselo sobre toda la piel expuesta al sol, incluyendo los labios, e incluso en los días nublados.

·     Si está expuesto al agua, ya sea nadando, duchándose o sudando, debe emplear un protector solar resistente al agua.

·     El protector solar debe aplicarse de nuevo cada 2 horas.

·     Utilice un sombrero de ala ancha y gafas de sol.

·     Busque la sombra en la medida de lo posible.

·     Lleve ropas que le protejan del sol, de tejidos tupidos que no dejen pasar la luz.

·     Planee sus actividades al aire libre fuera de las horas de mayor insolación (entre 10 am y 4 pm)

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